MÍSTICA RAPA NUI, ISLA DE PASCUA

Después del gran madrugón, es temprano cuando aterrizamos en la Isla de Pascua, la mística Rapa Nui. Son dos horas de diferencia con Santiago de Chile y seis con España.
Así que no son ni las 10 de la mañana en esta isla perdida en medio del Océano Pacífico cuando nos reciben de esta manera en el mismo aeropuerto.


Tenemos, pues, este miércoles 5 de diciembre para ir a nuestra bola. Hace algo de calor, pero un día estupendo. Nuestro hotel se encuentra en las afueras de la capital, Hanga Roa, frente al inmenso mar. Así que nos instalamos y disfrutamos de las vistas.
Por la tarde damos un paseo bordeando la costa hasta el cercano puerto, un pequeño reducto donde permanecen amarradas una docena de barcazas.
Y es que aquí todo es pequeño menos el océano y la pista de aterrizaje del aeropuerto, que dicen es la más grande de Sudamérica. Empezando por el número de habitantes, que no llega a 8.000. La propia isla es pequeña, se cruza de lado a lado en un santiamén.
No hay grandes hoteles, ni casinos ni enormes instalaciones turísticas. No hay lujo en Rapa Nui. Parece que es algo así decidido por sus habitantes. Nada de masificación turística, todo bastante rústico, estilo polinésico. No en balde es la ubicación más al este de lo que se considera la Polinesia. Parece que así son felices.
Al día siguiente ya iniciamos nuestro recorrido por la isla. Entramos en el Parque Nacional Rapa Nui, dirigiéndonos hacia el norte y empezando por el complejo arqueológico Akahanga, donde nos recibe una representación del dios supremo, Make Make y donde puede apreciarse cómo se configuraban los núcleos de población.


La siguiente etapa nos llevó hacia el interior, a un lugar llamado Ranu Raraku, donde se situaba la cantera de la cual extraían la piedra con la que esculpían los moais.


Y donde se encuentra uno del centenar de volcanes con que cuenta la isla, todos ellos inactivos. Ascendimos hasta poder observar el cráter, convertido en una especie de zona pantanosa, considerada como el principal ambiente para la conservación de la flora nativa.


Después de comer nos acercamos a Ahu Tongariki, que reúne en una plataforma quince moais. El guía ya nos ha explicado las numerosas incógnitas que rodean a estas figuras y las no menos numerosas teorías e hipótesis expuestas sobre ellos. Así que nos ahorraremos aquí entrar en la materia.


Sí podemos afirmar que las figuras en cuestión transmiten una especie de mística, un algo inexplicable, un halo de misterio que seguramente es lo que las hace únicas en el mundo.
Hay más de mil en Rapa Nui, repartidas por toda la isla y en mejor o peor estado de conservación, unas erguidas y otras tumbadas, unas enterradas en parte y otras sobre plataformas.
Continuamos la tarde recorriendo otros puntos de interés, como Te Pito Kura y Ahu Nau Nau, para culminar en la preciosa playa de Anakena, única en Isla de Pascua, de aguas azul turquesa, arena fina y un gran zona de verde hierba y altas palmeras.


Disfrutamos de un buen baño en este Océano Pacífico y el otro buen rato a la sombra de las palmeras, porque el sol es auténticamente abrasador.


Un día precioso al que vamos poniendo fin con un tranquilo paseo costero, una agradable cena y un buen trago (como dicen por aquí) en el anochecer de Rapa Nui.


¿Se puede pedir más?
Viernes 7 de diciembre. Hoy toca ir hacia el sur por la mañana.


Primera parada en Vinapu, donde nuestro guía local nos da detalles del único moai que está en propiedad privada y, por tanto, fuera del Parque Nacional.


Visitamos a continuación el complejo arqueológico de Orongo, donde se puede observar cómo eran las casas de los habitantes de Rapa Nui y, además, unas vistas impresionantes, concretamente sobre tres islotes próximos de nombres irrecordables.


El tercer enclave de la mañana es el volcán Rano Kau, donde se encontraba la cantera de la que extraían la piedra de color rojizo oscuro con la que configuraban lo que parece el sombrero de algunos moais pero que en realidad era un moño de pelo.
Al término de este recorrido tenemos tiempo libre que dedicamos a recorrer la calle principal de la capital, Hanga Roa, antes de dirigirnos por la tarde hacia el interior para visitar otros tres enclaves, el último de los cuales viene a ser como la joya de la corona: Ahu Akivi se llama.


Aquí se encuentran los siete moais que representan a otros tantos exploradores que en el siglo V llegaron a la isla procedentes de más al oeste de la Polinesia, hay quienes afirman que de las Islas Marquesas.


Son los únicos que miran hacia el océano, hacia el lugar del que procedían aquellos exploradores. Todos los demás moais miran hacia el interior de Rapa Nui, como queriendo proteger la isla.


Nos recreamos en la suerte de contemplar a estos "siete magníficos" y percibir esa sensación de misticismo ya comentada. Será este nuestro último contacto con tan específicos símbolos de Isla de Pascua.
Han sido casi tres días inolvidables en esta isla perdida en medio del Océano Pacífico, que transmite un algo indefinible y que defiende su razón de ser por encima de intereses turísticos que seguramente romperían ese halo de misterio que le da su carácter.


Aquí acaba nuestro maravilloso viaje, después de un mes recorriendo el cono sur americano. Mañana volvemos a Santiago de Chile y el domingo día 9 volamos hacia Madrid.
Amanecerá el lunes 10 cuando lleguemos. Será el momento de poner el epílogo a esta experiencia increíble. 

BREVE PASO POR SANTIAGO DE CHILE

En este primer lunes de diciembre toca volar otra vez, así que nos desplazamos a la cercana localidad de Puerto Montt, que es donde se encuentra el aeropuerto, para emprender vuelo hacia Santiago de Chile, capital de este país de 18 millones de habitantes de los que siete viven en ella o en sus alrededores.
Lo primero que hacemos tras instalarnos en nuestro hotel es comer. Lo siguiente, cumplir con la tradición, como siempre que podemos: una siesta.
Después, como hace buena tarde, tenemos tiempo de dar un buen paseo por los alrededores, empezando por la abigarrada avenida Libertador Bernardo O'Higgins, que a esta hora de la tarde es un hervidero de personas trasladándose de aquí para allá.
Lo primero que nos encontramos es la iglesia de San Francisco, con su museo colonial adjunto. Pasamos después por el Museo de Bellas Artes y llegamos a la puerta de acceso al Cerro de Santa Lucía, en cuya cumbre (a la que no subimos) estaba el castillo donde las fuerzas españolas intentaron resistir el ataque del ejército independentista.
Llegamos a continuación al barrio Lastarria, uno de los emblemáticos de la ciudad, donde algunos artistas exponen sus obras, y después a un agradable y concurrido parque, donde nos tomamos un rato de descanso antes de retornar por otras no menos concurridas calles a nuestro hotel.
Al día siguiente nos encontramos con un cambio de tiempo radical. En primer lugar, ha bajado la temperatura considerablemente. Y a continuación, nada más de salir del hotel por la mañana temprano, para hacer un recorrido por la ciudad, empieza a llover.
No nos arredramos. Hay una parte que es tour panorámico en minibús y otra que nos mojaremos un poco.


De lo primero que "disfrutaremos" es del atasco de turno como en cualquier otra ciudad. Después vamos recorriendo diferentes lugares y puntos de interés, como el Cerro San Cristóbal, que vemos desde abajo parcialmente tapado por las nubes, y otro emblemático barrio como el de Buenavista, donde tenía una de sus casas Pablo Neruda.
Cuando llegamos a la parte antigua chispea. Bajamos del minibús en la Plaza de Armas, donde está el Ayuntamiento (aquí, Municipalidad), y entramos en la catedral.
Callejeamos después para llegar al lugar donde se encuentra el edificio que alberga al Poder Judicial y en frente donde estaba el congreso de los diputados hasta que, con la restauración de la democracia y en un intento descentralizador, lo trasladaron a Valparaíso.


Culminamos nuestro recorrido bajo la lluvia en la Plaza de la Constitución, donde se encuentra el Palacio de la Moneda, emblemático lugar en el que ejerce sus funciones el presidente de la República y de triste recuerdo porque fue donde en 1973 fue asesinado Salvador Allende por los militares golpistas encabezados por Augusto Pinochet y se produjeron las imágenes de enfrentamientos armados, con bombardeo incluido.
Retornamos al minibús para dirigirnos a la parte nueva de Santiago, pasando por la zona que llaman Sanhattan, y culminamos en el Parque del Bicentenario, precioso lugar, con sonrosados flamencos y cisnes de cuello negro incluidos. 


Lástima que el mal tiempo no nos permita disfrutarlo con mayor intensidad.
Termina así la visita que nos ha permitido hacernos una idea de lo que es Santiago de Chile.
Y, dadas las inclemencias meteorológicas, decidimos dedicar la tarde a descansar porque el próximo madrugón será de aúpa: vendrán a buscarnos ¡a las tres y media! de la madrugada para llevarnos al aeropuerto.
Rapa Nui nos espera.

EL CRUCE ANDINO, ATRAVESANDO LA CORDILLERA DE LOS ANDES DE LAGO EN LAGO

Amanece un soleado domingo en Bariloche, ideal para nuestro propósito del día, que no es otro que atravesar la Cordillera de los Andes en dirección a Chile por un paso que ya en los tiempos precolombinos utilizaban las diferentes tribus indígenas y que posteriormente usaron los jesuitas en su labor evangelizadora pero en sentido contrario al nuestro.


Se trata de compatibilizar la aventura con el necesario desplazamiento para continuar nuestro viaje, que hoy consistirá en navegar por lagos, atravesar selvas y circular por caminos de tierra y piedras durante nueve horas hasta llegar a la cuidad chilena de Puerto Varas.
Embarcamos a la hora prevista en el cercano Puerto Pañuelo donde nos espera el catamarán con el que volveremos a recorrer el Lago Nahuel Huapi, desviándonos esta vez por el brazo Blest. 
Hace un día espléndido que nos permite contemplar desde cubierta el maravilloso panorama que nos rodea, una especie de fiordo pero de agua dulce, hasta alcanzar nuestra primera meta, que es Puerto Blest.


Tras un breve paseo por el enclave toca subir al autobús para emprender la siguiente etapa, por vía terrestre bordeando el río Frías hasta Puerto Alegre, a donde llegamos enseguida.
Otro catamarán nos conduce por el pequeño Lago Frías y durante la navegación disfrutamos de la vista del cerro Tronador, hasta llegar a Puerto Frías, donde hemos de pasar por los trámites fronterizos argentinos. 
Antes que nosotros, pasó por aquí Ernesto Che Guevara y lo recuerdan exponiendo una réplica de la motocicleta que utilizó.


Con nuestros sellos de salida convenientemente estampados en nuestros pasaportes, abordamos otro autobús para enfrentar un largo e intrincado camino por el que nos adentramos en la cordillera andina serpenteando y atravesando ya sea la selva valdiviana, ya sea la llamada selva Siempre Verde.
Hacemos una breve parada, ya en Chile, a la entrada del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales antes de llegar a Peulla, donde realizamos los trámites fronterizos chilenos, que incluyen revisión de maletas, y dispondremos de tiempo para comer y llegar a nuestro siguiente punto de embarque dando un paseo.
La próxima etapa consiste en navegar por el Lago de Todos los Santos y resulta agradablemente larga.


El día sigue siendo espléndido con lo cual la navegación resulta muy placentera, entre el azul turquesa del agua y el verde de las montañas a ambos lados.
Volvemos a ver el casi omnipresente cerro Tronador y se añaden ahora dos impresionantes volcanes: primero, el Puntiagudo; y, a continuación, el Osorno, que luego comprobaríamos que también se ve desde casi todas partes.


Así llegamos a Petrohué y ponemos punto final a las navegaciones del día. Nos queda la última etapa, y no menos interesante, en autobús hasta Puerto Varas.
Seguiremos viendo el volcán Osorno y añadiremos otro a nuestros conocidos: el Calbuco, que no hace mucho entró en erupción y sepultó la cercana localidad bajo cinco millones de toneladas de cenizas. Algo que no sorprende en este país, que tiene más de 2.000 volcanes, casi cien activos.
Ya en la última parte de este impresionante viaje nos queda bordear el Lago Llanquihué al atardecer de este domingo 2 de diciembre.
Han sido nueve horas que no se hacen largas en absoluto. Hemos disfrutado cada momento.
Y así concluirá mañana nuestro paso por la Patagonia, tanto en la parte argentina como en la chilena, un viaje increíble, una experiencia inolvidable, que ha colmado sobradamente todas nuestras expectativas.
Solo queda ya poner la guinda a este maravilloso pastel en Santiago de Chile y la Isla de Pascua, la misteriosa Rapa Nui.