EL CRUCE ANDINO, ATRAVESANDO LA CORDILLERA DE LOS ANDES DE LAGO EN LAGO

Amanece un soleado domingo en Bariloche, ideal para nuestro propósito del día, que no es otro que atravesar la Cordillera de los Andes en dirección a Chile por un paso que ya en los tiempos precolombinos utilizaban las diferentes tribus indígenas y que posteriormente usaron los jesuitas en su labor evangelizadora pero en sentido contrario al nuestro.


Se trata de compatibilizar la aventura con el necesario desplazamiento para continuar nuestro viaje, que hoy consistirá en navegar por lagos, atravesar selvas y circular por caminos de tierra y piedras durante nueve horas hasta llegar a la cuidad chilena de Puerto Varas.
Embarcamos a la hora prevista en el cercano Puerto Pañuelo donde nos espera el catamarán con el que volveremos a recorrer el Lago Nahuel Huapi, desviándonos esta vez por el brazo Blest. 
Hace un día espléndido que nos permite contemplar desde cubierta el maravilloso panorama que nos rodea, una especie de fiordo pero de agua dulce, hasta alcanzar nuestra primera meta, que es Puerto Blest.


Tras un breve paseo por el enclave toca subir al autobús para emprender la siguiente etapa, por vía terrestre bordeando el río Frías hasta Puerto Alegre, a donde llegamos enseguida.
Otro catamarán nos conduce por el pequeño Lago Frías y durante la navegación disfrutamos de la vista del cerro Tronador, hasta llegar a Puerto Frías, donde hemos de pasar por los trámites fronterizos argentinos. 
Antes que nosotros, pasó por aquí Ernesto Che Guevara y lo recuerdan exponiendo una réplica de la motocicleta que utilizó.


Con nuestros sellos de salida convenientemente estampados en nuestros pasaportes, abordamos otro autobús para enfrentar un largo e intrincado camino por el que nos adentramos en la cordillera andina serpenteando y atravesando ya sea la selva valdiviana, ya sea la llamada selva Siempre Verde.
Hacemos una breve parada, ya en Chile, a la entrada del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales antes de llegar a Peulla, donde realizamos los trámites fronterizos chilenos, que incluyen revisión de maletas, y dispondremos de tiempo para comer y llegar a nuestro siguiente punto de embarque dando un paseo.
La próxima etapa consiste en navegar por el Lago de Todos los Santos y resulta agradablemente larga.


El día sigue siendo espléndido con lo cual la navegación resulta muy placentera, entre el azul turquesa del agua y el verde de las montañas a ambos lados.
Volvemos a ver el casi omnipresente cerro Tronador y se añaden ahora dos impresionantes volcanes: primero, el Puntiagudo; y, a continuación, el Osorno, que luego comprobaríamos que también se ve desde casi todas partes.


Así llegamos a Petrohué y ponemos punto final a las navegaciones del día. Nos queda la última etapa, y no menos interesante, en autobús hasta Puerto Varas.
Seguiremos viendo el volcán Osorno y añadiremos otro a nuestros conocidos: el Calbuco, que no hace mucho entró en erupción y sepultó la cercana localidad bajo cinco millones de toneladas de cenizas. Algo que no sorprende en este país, que tiene más de 2.000 volcanes, casi cien activos.
Ya en la última parte de este impresionante viaje nos queda bordear el Lago Llanquihué al atardecer de este domingo 2 de diciembre.
Han sido nueve horas que no se hacen largas en absoluto. Hemos disfrutado cada momento.
Y así concluirá mañana nuestro paso por la Patagonia, tanto en la parte argentina como en la chilena, un viaje increíble, una experiencia inolvidable, que ha colmado sobradamente todas nuestras expectativas.
Solo queda ya poner la guinda a este maravilloso pastel en Santiago de Chile y la Isla de Pascua, la misteriosa Rapa Nui.