Hemos descansado bien tras el esfuerzo de ayer y nos disponemos a pasar un día en el aire, 24 horas antes de lo previsto.
De entrada, nos dirigimos al aeropuerto de Iguazú para emprender nuestro primer vuelo de la jornada con destino a Buenos Aires, a donde llegamos casi dos horas después, con el tiempo casi justo para transbordar al otro vuelo, que nos conducirá a Ushuaia, donde aterrizamos después de casi cuatro horas.
Al cambiar de avión en Buenos Aires nos informaron de que la temperatura era de 30 grados centígrados y al aterrizar unos 3.400 kilómetros al sur, cuando son las 7 de la tarde, nos anuncian que tenemos 5 grados y esto es lo que nos encontramos.
Recuperadas nuestras maletas y al abandonar la terminal, esta es nuestra primera visión.
Hemos llegado a la ciudad más austral del mundo, el último rastro de civilización antes de iniciar camino hacia la Antártida, que está "solo" a 1.000 kilómetros, y hacia el Polo Sur, que está a algo más de 3.000. De Madrid nos separan 12.200 kilómetros de nada.
Nos encontramos en la Isla Grande de la Tierra del Fuego, dividida aproximadamente a partes iguales entre Chile, al oeste, y Argentina, al este.
Una vez instalados en el hotel, decidimos no salir ya y quedarnos a cenar. Un buen descanso y una buena cena no es mala forma de acabar el día. Sobre todo si te atiende un camarero buen conocedor del fútbol español y ferviente seguidor de Boca Juniors. Lo malo es que nos enteramos de que, mientras nosotros volábamos, España había perdido con Croacia y se había complicado mucho su acceso a la final de la Liga de Naciones.
Al día siguiente, debido a los cambios ya citados, tenemos el día libre y lo dedicamos a conocer un poco de la ciudad de Ushuaia.
Cuando salimos del hotel pasadas las 10 de la mañana debe haber unos 4 grados y entre nubes y claros iniciamos un paseo en dirección al puerto. Por el camino ha salido el sol, ha soplado un vendaval, se ha vuelto a nublar, ha chispeado, ha vuelto a salir el sol, se ha calmado el viento... En fin, esa parece ser la tónica en Ushuaia, donde en invierno la temperatura media es de 3 grados y en verano, de 15.
Después de que en la oficina de turismo nos pongan en el pasaporte un sello que acredita nuestra presencia en la Puerta de Entrada a la Antártida, nos dirigimos a la calle principal, la Avenida de San Martín, que recorremos de punta a cabo entre tiendas de todo tipo, pues se trata de la calle más comercial.
Por la tarde decidimos subirnos al típico autobús turístico de dos pisos para tener otra idea de la ciudad y sus alrededores, hasta llegar a un promontorio desde el que tenemos una visión de 360 grados, con las montañas andinas por un lado...
y el canal de Beagle por otro.
El día termina con una cena en un lugar próximo al hotel que nos han recomendado.





