"Mi Buenos Aires queridoooo..." Unos 25 años después de mi primera estancia, me vienen a la memoria las notas del viejo tango cuando, en los albores del domingo 11 de noviembre, aterrizamos en el aeropuerto de Ezeiza después de más de doce horas de vuelo, haciendo una ruta que, desde Madrid, nos llevó en dirección a Sevilla y de ahí a las Islas Canarias para a continuación sobrevolar el océano Atlántico hasta volver a ver tierra en las inmediaciones de Recife, ya en Brasil, cuya costa recorrimos pasando sobre Salvador de Bahía, Belo Horizonte, Río de Janeiro, Sao Paulo y Porto Alegre, hasta llegar a Uruguay y atravesar el río de la Plata antes de aterrizar en Buenos Aires tras algo más de 10.000 kilómetros.
Lo más sorprendente fue que al iniciar la aproximación nos anunciaron que, "por prescripciones sanitarias de las autoridades, se veían obligados a DESINFECTAR (sic) el avión". Acto seguido las azafatas recorrieron la cabina con unos spray para expandir sobre nosotros algún tipo de desinfectante. No salíamos de nuestro asombro. Y eso que hemos volado a unos cuantos países.
Nos venían anunciando casi el apocalipsis meteorológico, con grandes lluvias y tormentas eléctricas, que fue lo que ocurrió el día anterior, hasta el punto de obligar a suspender lo que se venía calificando como el partido del siglo, la ida de la final de la Copa Libertadores entre Boca Juniors y River Plate.
Lo que sí nos encontramos fue un bochorno casi apabullante que ya nos agobiaría durante todo el día y de lluvia, ni rastro.
Después de un breve descanso en el hotel, decidimos realizar una toma de contacto con la ciudad consistente en un paseo que nos llevó por la Avenida Mayo, después por la colosal Avenida 9 de julio (fecha de la independencia argentina en 1816) y, callejeando por el barrio de San Telmo, hasta un mercadillo dominical muy animado pero donde no pudimos comprar nada porque no llevábamos pesos argentinos.
Encontramos un sitio estupendo para comer y volvimos al hotel con ánimo de echarnos la siesta, pero, ¡oh casualidad! habían decidido por la mañana que se jugara el partido suspendido y pude vivir la emoción de un encuentro de alta rivalidad que acabó en empate y dejó todo pendiente para el partido de vuelta, dentro de quince días, en el Monumental de River, donde se decidirá el campeón (que, por cierto, se enfrentará al Real Madrid en el Mundialito de Clubes el mes que viene).
Aprovechamos el resto de la tarde para acercarnos a la famosa Plaza de Mayo, donde se encuentra la Casa Rosada, sede de la Presidencia de la República Argentina, y tomar un refrigerio nocturno en uno de los más famosos y antiguos cafés bonaerenses, que existe desde 1858.
Al día siguiente emprendemos un recorrido por la ciudad en visita guiada. En la primera parada volvemos a la Plaza de Mayo donde nos explican su historia como núcleo del que partieron los conquistadores españoles para la creación de la ciudad en el siglo XVI.
Además de la Casa Rosada, se encuentran aquí la catedral y el Cabildo, que en su día fue el centro del poder y uno de los pocos edificios coloniales que perduran (en la foto).
Visitamos la catedral, cuyo hito más significativo es albergar la tumba del héroe nacional José de San Martín, libertador también de Chile y Perú, que, curiosamente, murió en la localidad francesa de Boulogne sur Mer.
Continuamos nuestra ruta en dirección al típico barrio de La Boca, enclave portuario creado por los inmigrantes italianos y que hoy es uno de los barrios más populares de Buenos Aires.
La primera parada aquí es obligada: el estadio de Boca Juniors, la mítica Bombonera, donde ayer se disputó el primer asalto de la final de la Copa Libertadores.
La siguiente, lo mismo: la calle Caminito, donde aún perduran las casas de hojalata levantadas por los italianos hace más de cien años, tan coloreadas y tan comercializadas hoy día.
Todo tipo de tiendas de recuerdos, restaurantes diversos y parejas de tanguistas que bailan, te proponen bailar o se prestan a la foto.
El resto ya fue más bien un tour panorámico que nos llevó de la parte más pobre de La Boca a la colindante y más rica de Puerto Madero, de muy reciente desarrollo, y después a los barrios de Retiro, San Telmo, Palermo y final en La Recoleta, donde se encuentra el cementerio donde reposan los restos de Eva Duarte de Perón, la mítica Evita, prematuramente fallecida a los 33 años.
La foto es en Puerto Madero. El puente que se ve al fondo a la derecha es de Santiago Calatrava y lo pagó el hotel Hilton, que está a la izquierda.
Final del tour y tiempo para la cervecita reparadora, porque el bochorno sigue siendo apabullante, para lo cual retornamos a Puerto Madero con la idea de comer en un restaurante que nos recomendaron. Acertamos.
En la tarde, descanso porque mañana toca un buen madrugón para ir a Montevideo.







