ESPLÉNDIDO DÍA EN EL GLACIAR PERITO MORENO

Iniciamos nuestra tercera semana de viaje, el lunes 26 de noviembre, con una soleada mañana en Puerto Natales mientras esperamos la salida del autobús que nos llevará a El Calafate, de retorno a la República Argentina. 
Antes de la primera hora llegamos al puesto de control fronterizo de Chile, donde nos detenemos y debemos bajarnos del autobús para mostrar nuestros pasaportes. Esta es la barrera que separa Chile de Argentina.


Seguimos y en seguida se acaba Chile y el pavimento. La República Argentina nos recibe con un cartelón y un fabuloso camino de tierra y piedras hasta llegar a su propio puesto de control, donde volvemos a bajarnos y a mostrar los pasaportes.
Todavía habremos de transitar por un indeseable camino de tierra unos cuantos kilómetros más hasta llegar a la carretera pavimentada que nos conducirá a El Calafate en algo menos de cinco horas, atravesando más de 200 kilómetros de estepa patagónica en los que el vegetal más alto que alcanza la vista apenas levanta un palmo del suelo, ni un árbol.
Lo que ocurrió cuando llegamos a nuestro hotel nos obliga a retroceder unos días, concretamente hasta que embarcamos en el Australis hace ya nueve días. Conocimos entonces a una pareja que viajaba con una joven adolescente. Con los días coincidimos aquí y allá con ellos y fuimos trabando una relación. Se trataba de unos simpáticos y agradables mexicanos que residen en Sao Paulo (Brasil), con los que intercambiamos nombres y algún rato de charla.
Al término del crucero/expedición nos despedimos bromeando con la posibilidad de encontrarnos en el glaciar Perito Moreno cinco o seis días después pues todos lo teníamos previsto. Ellos seguían con su viaje y nosotros nos disponíamos a enlazar con el Skorpios. 
Pero hete aquí que, antes de embarcar, teníamos la visita a las Torres del Paine. En un momento dado paramos a comer en un complejo turístico y cuál sería mi sorpresa cuando veo aparecer en el comedor al trío de mexicanos. Pero cómo es posible, qué alegría, y demás expresiones e intercambios de saludos. Y ahí quedó la cosa, cada cual por su lado otra vez.
Tras la experiencia Skorpios, cuatro días después, llegamos al hotel y, al bajarnos del vehículo, oímos como un griterío desde un balcón del primer piso: "¡Pero si son Rafa y Mariví!", gritaban alborozados nuestros amigos mexicanos. Increíble, para que luego digan que las casualidades no existen.
Como ellos ya habían llegado antes, además de ir al Perito Moreno, se sabían el buen sitio para cenar, así que pasamos un buen rato juntos y culminamos este día de transición ya intercambiando teléfonos.
El gran día en el que completaremos esta particular era glaciar nuestra amanece resplandeciente. Por fin aparecerán juntos glaciar y sol. Es martes 27.


Mientras esperamos a la puerta de nuestro hotel no nos resistimos a inmortalizar la vista que tenemos del gran Lago Argentino, el tercero más grande de Suramérica, después del Titicaca, que comparten Perú y Bolivia, y del que comparten Argentina y Chile (para los primeros Buenos Aires y para los segundos General Carrera).
Nos trasladamos, pues, hacia el Parque Nacional de los Glaciares, donde se encuentra el Perito Moreno, la guinda que culminará nuestro pastel helado, el más famoso de los glaciares y, además, el de más fácil acceso.
Hay una cierta distancia desde El Calafate, que recorremos en parte bordeando el gran lago, pero pronto llegamos a un mirador desde donde tendremos ya un aperitivo del glaciar Perito Moreno.


Antes tendremos una experiencia náutica más. Esta vez a bordo de un catamarán por el que recorreremos el llamado brazo rico para aproximarnos al frente sur del glaciar.


Impresionante tanto la navegación como el panorama que se contempla, si bien nos sorprendió el hecho de que no alcanzara a verse el glaciar en su totalidad.
Un tramo final en el autobús nos deja ya en la entrada, donde nos explican los diversos caminos por los que podemos transitar y los tres niveles desde los que podremos contemplar el frente norte, que se desploma sobre el llamado brazo de los témpanos, perteneciente al Lago Argentino.
Una vez definido el itinerario que queremos/podemos hacer (porque cada uno entraña una dificultad) emprendemos la marcha por las pasarelas que nos acercan en descenso al glaciar.



Llegamos a un primer mirador que nos da otro aperitivo.
Y al poco desembocamos en "nuestro" mirador principal que nos da la visión total, 2,5 kilómetros, de esta otra parte del glaciar, que es la mayor.


Con la inmensa suerte de que, mientras grababa un vídeo, se produjo un importante desprendimiento que conseguí captar en su totalidad.
En la foto quizá se aprecie, en el centro, hacia abajo, un buen boquete que produjo el desprendimiento y que en la foto de más arriba aún no está.


Lo que es seguro que no se aprecia aquí es el enorme estruendo que produjo el gran bloque de hielo al caer y el buen movimiento que agitó las aguas y los témpanos de hielo durante unos segundos.
Ciertamente, el glaciar Perito Moreno es grandioso y podemos afirmarlo después de haber conocido más de una veintena de glaciares en diez días.
Concluimos así, como decíamos, nuestra particular era glaciar, que iniciamos en Ushuaia a bordo del buque Australis y concluimos en Puerto Natales con el Skorpios III, todo ello en territorio chileno, y rematamos con la grandiosidad del Perito Moreno ya en Argentina.
Una experiencia impresionante e inolvidable.
Mañana toca otra vez avión para llegar a San Carlos de Bariloche, la llamada Puerta de la Patagonia, si bien nosotros entramos "por detrás".